escribo enojada
que extraño tu espalda,
que la muerte a veces se encandilaba cuando me mirabas
que a veces hay un aullido dentro de la cocina
donde nunca desayunaste
que las cortinas se hacen espuma
que mi voz ya voló
que has dicho que soy inocente
y que los libros no dicen nada
yo sé que ahora está hirviendo tu garganta
y que mi pelo ya es fuego,
y no importa,
y está bien.
.
NAVEGAR SOBRE LAS MANOS
viernes, 18 de enero de 2013
miércoles, 2 de enero de 2013
Tampoco es novedad que llevo una vida apócrifa, que desde hace bastante tiempo ocupo un lugar que no me pertenece, en el que me muevo con una lentitud característica de la gente que se para a observar una librería llena de libros y poetas muertos, con esos ojos atónitos con los que miramos una contraportada tan vacía como su historia, es decir, esa lentitud con la que también mis ojos miran hacia arriba a la ventana superior de un edificio donde me veo a mi misma suicidándome, o gritando en silencio al absurdo que se suicide él, pero tampoco te asustes, yo te lo cuento como desde afuera de mí, como se cuentan las cosas ahora que las manos se congelan, y que no estás, y que realmente nadie escucha.
viernes, 21 de diciembre de 2012
quizás la vida es eso
gente esperando,
muriendo como se muere
cuando la espera te convierte
en cosas que no querés ser,
cuando el espanto de las cosas irreales
se te sumerge en las venas y te queda
esa cara que detestás,
y hace frío y
te mojás los zapatos,
hasta el teléfono sangra,
y tu voz a lo lejos
es como una utopía,
el pétalo de un jazmín
que sonríe y se rompe a la vez.
gente esperando,
muriendo como se muere
cuando la espera te convierte
en cosas que no querés ser,
cuando el espanto de las cosas irreales
se te sumerge en las venas y te queda
esa cara que detestás,
y hace frío y
te mojás los zapatos,
hasta el teléfono sangra,
y tu voz a lo lejos
es como una utopía,
el pétalo de un jazmín
que sonríe y se rompe a la vez.
sábado, 1 de diciembre de 2012
Entonces reías, reíamos
y llovía,
y besé tus ojos que tenían ese sabor
de la infancia
y soplabas mi garganta de madera
haciéndola terciopelo,
y te buscaba cuando cerraba los ojos y sabía
que detrás de tu boca se abría otro mundo
y estábamos atados desde la espalda
hasta los pulmones
y torturábamos a la muerte
y nos gustaba.
y llovía,
y besé tus ojos que tenían ese sabor
de la infancia
y soplabas mi garganta de madera
haciéndola terciopelo,
y te buscaba cuando cerraba los ojos y sabía
que detrás de tu boca se abría otro mundo
y estábamos atados desde la espalda
hasta los pulmones
y torturábamos a la muerte
y nos gustaba.
domingo, 18 de noviembre de 2012
La maga dijo que el tiempo era como un bichito que anda y anda, no se equivocaba mucho si hoy le ví una arruga nueva a mamá, si una vez más descubro que mi vida ya no es un tren que no te lleva a ningún lado, si no que es más como un pájaro, que tal vez casi ni sabe volar, que quizás le cortaron las alas(¿pero las alas no re-nacen?), el tiempo, el bichito que anda y anda y sigo siendo igual de soñadora, tratando de escribir los mismos poemas en una servilleta que termina en la basura porque a nadie le importa en realidad, a nadie le importó, la poesía es una mentira, las poesías en servilletas son una mentira, las arrugas y las alas son una mentira. Cuesta respirar cuando es domingo, cuando la manos pesan tanto, cuando no sabes que algún día me enojaré y me ire de casa y volveré unas horas mas tarde con chocolates y lágrimas en la piel, oh no no no no, no sólo en la piel, no sólo lágrimas, no sólo chocolates. A veces sueño que te vas y suena un portazo y de repente salen flores del techo, y unas manos vienen y me cortan el pelo que cae al suelo. Nosé como explicarte, yo colecciono botellas de vidrio rellenas de vacío. Y algunos días donde la muerte escribe sus miedos por las paredes. Y las paredes sonríen. Y yo intento hacer poesía de todo eso, yo intento que entiendas que no quiero que las flores salgan del techo. Quedate. Que el tiempo nos coma la piel, eso ya poco importa si al girarme estás, si ya no hay portazo ni manos que me corten el pelo.
lunes, 15 de octubre de 2012
Hicimos el amor en el medio de una canción que sólo decía que algún día seríamos viejos, un poco antes de dibujar utopías en las paredes de tu habitación porque la realidad era demasiado irreal y demasiado caliente, y daba igual que lloviera porque el agua no se llevaba nada, porque todo se quedaba entre vos y yo, entre el dolor y la felicidad efímera de aquellos días en los que ser joven dolía. Alguna vez se cayó una motito de juguete del mueble de atrás del respaldo de la cama y te reíste mientras gemías y la perfección era eso, y no pudo decírtelo, cómo, de qué manera podría.
..one day baby we'll be old.. oh baby we'll be old, claro que sí, claro que sí bichito, pero mientras tanto yo me acuerdo de esa noche que te pusiste a temblar en la cama porque te habías metido andá a saber cuantos antidepresivos en el baño de aquel bar triste, mientras yo lloraba, y parecías muerto de a ratos, muerto entre tanta lágrima viva y tanta noche por delante, muerto y abrazado a mi como si el amor pudiera salvarte de esas pastillas blancas. Esa noche quizás envejecimos 40 años de golpe, oh no.. no te gustaría leer todo esto, odias la palabra envejecer, y ahora que escribo desde una cama en la que realmente ya nadie tiembla ni parece muerto imagino tu voz callada gritando por dentro que querés ser eterno, eternamente joven, con tu amor y tus gemidos y tus pastillitas antidolor y abrazados siempre en una cama con sábanas negras, haciendo el amor, y da igual que se caigan las motitos, o la tristeza en la piel, o en los ojos o en tu pelo y tu forma de hablar mientras afueras las gotas caían sin llevarse esa realidad.
..one day baby we'll be old.. oh baby we'll be old, claro que sí, claro que sí bichito, pero mientras tanto yo me acuerdo de esa noche que te pusiste a temblar en la cama porque te habías metido andá a saber cuantos antidepresivos en el baño de aquel bar triste, mientras yo lloraba, y parecías muerto de a ratos, muerto entre tanta lágrima viva y tanta noche por delante, muerto y abrazado a mi como si el amor pudiera salvarte de esas pastillas blancas. Esa noche quizás envejecimos 40 años de golpe, oh no.. no te gustaría leer todo esto, odias la palabra envejecer, y ahora que escribo desde una cama en la que realmente ya nadie tiembla ni parece muerto imagino tu voz callada gritando por dentro que querés ser eterno, eternamente joven, con tu amor y tus gemidos y tus pastillitas antidolor y abrazados siempre en una cama con sábanas negras, haciendo el amor, y da igual que se caigan las motitos, o la tristeza en la piel, o en los ojos o en tu pelo y tu forma de hablar mientras afueras las gotas caían sin llevarse esa realidad.
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