hay momentos
en que escucho tu voz
como un río agonizando
noches en las que tu cabeza
se apoya en mi espalda
como un pájaro mendigando
curame desde lejos
pienso
cuidame del frío
protegeme del frío
de las palabras hechas ausencias
de las ventanas abiertas
del fuego que aúlla
abrazame en la distancia caliente
a través del viento
a través de la pálida resignación
a través de la sangre cristalizada
en la madrugada
pienso y escribo y no
lo digo
curame de los abismos
que salté hace tanto
en el momento mismo que reconocía
tu nombre
sobre todos los muros que construí
(¿construí o destruí?)
pienso
curame esta noche protegeme
para no sentirme sola
aunque no haya nadie
aunque no esté ni yo misma
realmente,
es decir
el vacío
la nada que tiene el sonido
de mi risa
mirame y tocame
apaciblemente
desde dónde estés
dame un poco de tu respiración
a cambio de una muerte
invisible
pero que flota y flota
sin nunca poder caer .
.
NAVEGAR SOBRE LAS MANOS
jueves, 26 de marzo de 2015
miércoles, 25 de marzo de 2015
también el viento esta noche
danzando dulcemente pero cortándome
las manos,
del otro lado alguna orilla
demasiado lejana y demasiado joven
digo
¿pero envejecimos veinte años de golpe?
¿tus ojos son ese huecos que veo
desde ésta, mi otra orilla, pequeña y arrugada?
tal vez algún día puedas mirar
con los ojos ciegos la herida abierta,
el tiempo hecho piel muerta en las manos
cansadas de abrazar la forma de una silueta
cada vez más
lejos
(¿silueta? ¿forma? ¿olvido?)
y todo el tiempo que pasó inerte
bailará sobre tu pelo;
no tendrá mucho sentido
estaré desde el otro lado
escribiendo cómo la lengua mojada y tibia
de un reloj sin duración se modificaba
a velocidades desorbitadas
mientras tus lágrimas deberían significar
algo parecido a la muerte viva
a la vida muerta
al cansancio de todos los que sienten
en sus manos una dulce danza
infinita y transitoria
como la lluvia que cae ahora
-que no es tu lluvia-
dentro de un tiempo completamente sordo.
miércoles, 25 de febrero de 2015
también escribir hasta arder
quiero
escribir resbalando y fingiendo
por encima de todas las muertes
que entran dulcemente
por esta ventana insana
por la que irremediablemente veo
la lluvia - no se cansa -
escribir por debajo del agua
por debajo de la piel de todas las cosas
inexistentes
que alguna vez
destilaron sangre
y también algún viento
y tal vez, el amor
la gran muerte otra vez.
y pienso
quiero escribir hasta la muerte
hasta que mis huesos se cansen
hasta que mis pulmones se rían de mi,
exhaustos,
de todas las palabras
que aprendí a escribir hace tanto
porque realmente no sé decirlas
y nunca aprendí a amamantarlas
con mis pechos
nunca las pude criar bien
nunca fueron algo más
que este insaciable y lúgubre hueco
ensordecedor
este sonido
hecho eco hecho humo hecho polvo
pienso
lo único que quiero
que puedo
es escribir hasta arder
porque la vida no me basta para abrir los ojos
y la boca grande y decir
sí vale la pena
sí quiero respirar
sí quiero escapar
quiero
escribir resbalando y fingiendo
por encima de todas las muertes
que entran dulcemente
por esta ventana insana
por la que irremediablemente veo
la lluvia - no se cansa -
escribir por debajo del agua
por debajo de la piel de todas las cosas
inexistentes
que alguna vez
destilaron sangre
y también algún viento
y tal vez, el amor
la gran muerte otra vez.
y pienso
quiero escribir hasta la muerte
hasta que mis huesos se cansen
hasta que mis pulmones se rían de mi,
exhaustos,
de todas las palabras
que aprendí a escribir hace tanto
porque realmente no sé decirlas
y nunca aprendí a amamantarlas
con mis pechos
nunca las pude criar bien
nunca fueron algo más
que este insaciable y lúgubre hueco
ensordecedor
este sonido
hecho eco hecho humo hecho polvo
pienso
lo único que quiero
que puedo
es escribir hasta arder
porque la vida no me basta para abrir los ojos
y la boca grande y decir
sí vale la pena
sí quiero respirar
sí quiero escapar
y a dónde
y por qué
y de quién
tal vez volver al hueco inerte
de siempre
escribir hasta que mis dedos
olviden su perfume
olviden que se olvidaron de reinventarse
escribir hasta que las palabras me empiecen
a comer de a poco
los pies y me desgarren los hombros
y mi pelo se haga líquido
hasta que mis ojos ya no den más
y no vea ni un tramo de esta vida,
que es,
de la manera que hemos vivido todos estos años,
(¿sin ver? ¿sin querer ver?)
ciegos.
escribir hasta la ceguera
hasta que el corazón hecho hielo
se ablande y asi sea capaz de sentir algo
un poco de odio
un poco de miedo
dejar de ser piedra
hacer el amor sola
mientras leo Nordbrandt
empezar de una vez a escribir la carta
que nunca terminé del todo
escribir hasta arder
subrayar frases en los libros más viejos
por miedo a que escapen
encarcelar
encarcelarme escribiendo hasta quedar exhausta.
sábado, 3 de enero de 2015
la poesía,
mi poesía,
una casa abandonada,
en donde no le abro las puertas a nadie,
mis poemas,
mis hambrientos poemas,
añorando palabras que no saben escribirse,
pero que corren detrás del sentido
para que alguien las abrace,
mis finales,
terribles finales,
que se escriben y se suceden
solos mientras yo
miro
y corro para que no me alcancen.
mi poesía,
una casa abandonada,
en donde no le abro las puertas a nadie,
mis poemas,
mis hambrientos poemas,
añorando palabras que no saben escribirse,
pero que corren detrás del sentido
para que alguien las abrace,
mis finales,
terribles finales,
que se escriben y se suceden
solos mientras yo
miro
y corro para que no me alcancen.
Se deshizo - finalmente -
el año de la muerte inequívoca
los aullidos que resonaban
en una habitación cuyas puertas
estaban vaciadas
de espasmos floridos,
el amor trizado como un puente,
la lenta muerte dolorosa
de la infamia enredada en tus párpados
los brazos rotos de tanta fuerza
para matar la debilidad de las cosas
que no tenían dirección.
El año imborrable,
el año que al principio era ávido
se fue borrando como la ceniza marchita
de los cigarros de tantos poetas
que mataron dulcemente sus pulmones
hasta quedar exhaustos.
Los días del horror,
de la lluvia, de gritos
de ruidos
que me miraban
como exclamando
como queriendo decir
¿por qué, pequeña,
llorás asi esta noche?
El año impronunciable del amor
eterno,
y muerto dentro de su eternidad podrida
y de los últimos besos por la mañana
y de mañanas corrompidas por las noches
opacas y grisáceas de tanto ansiar colores brillantes
los últimos días de dosmilcatorce,
la frialdad de tu mirada en mi espejo
aún
todavía
a veces,
tu mano haciendo algo
indescifrable en mi escritorio
mientras miro desde la otra punta de la habitacón
aún
todavía
a veces
tus ojos sangrando
el perdón
que nunca saldrá de mi espalda,
y mi pelo,
enrededado,
en lágrimas,
por un año irrefrenable
que se deshizo,
y al fin,
y por siempre.
el año de la muerte inequívoca
los aullidos que resonaban
en una habitación cuyas puertas
estaban vaciadas
de espasmos floridos,
el amor trizado como un puente,
la lenta muerte dolorosa
de la infamia enredada en tus párpados
los brazos rotos de tanta fuerza
para matar la debilidad de las cosas
que no tenían dirección.
El año imborrable,
el año que al principio era ávido
se fue borrando como la ceniza marchita
de los cigarros de tantos poetas
que mataron dulcemente sus pulmones
hasta quedar exhaustos.
Los días del horror,
de la lluvia, de gritos
de ruidos
que me miraban
como exclamando
como queriendo decir
¿por qué, pequeña,
llorás asi esta noche?
El año impronunciable del amor
eterno,
y muerto dentro de su eternidad podrida
y de los últimos besos por la mañana
y de mañanas corrompidas por las noches
opacas y grisáceas de tanto ansiar colores brillantes
los últimos días de dosmilcatorce,
la frialdad de tu mirada en mi espejo
aún
todavía
a veces,
tu mano haciendo algo
indescifrable en mi escritorio
mientras miro desde la otra punta de la habitacón
aún
todavía
a veces
tus ojos sangrando
el perdón
que nunca saldrá de mi espalda,
y mi pelo,
enrededado,
en lágrimas,
por un año irrefrenable
que se deshizo,
y al fin,
y por siempre.
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